SANTA FE: ENTRE BARRO, MONOS Y EL NIÑO.

La suerte de Lifschitz, los bienes de Los Monos y un niño molesto.

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Miguel Lifschitz es un tipo con suerte. Llegó a la gobernación por un puñadito de votos y, antes de asumir, la Corte Suprema le regaló la restitución de los fondos de coparticipación para engordar las finanzas de la Casa Gris. Al iniciar su mandato, cayeron en Cayastá los prófugos más buscados del país en una persecución con entramado narco, político y policial. Lifschitz y Pullaro se anotaron un poroto enorme justo en el tema que más dolores de cabeza trajo al socialismo en los últimos años. A las pruebas me remito, Lifschitz es un tipo con suerte.

Pero a la suerte hay que ayudarla. Y si bien las buenas nuevas hoy vienen desde el poder judicial provincial, hay una alentadora sensación de que desde Gobernación y Seguridad están tomando cartas en la lucha contra el narcotráfico de una buena vez. Al iniciar su mandato, Lifschitz puso reversa con el juicio abreviado a Los Monos. Ahora, la decisión de la Justicia de decomisar una importantísima cantidad de bienes a Los Monos es una gran noticia. No basta con que vayan presos para que un sistema penal compasivo los retenga un rato para que luego salgan a jugar con lo que hicieron a costa de balas, sangre y muertes. Por eso, la noticia de que 7 inmuebles, más de 50 vehículos y varias chapas de taxis pasen a la provincia de Santa Fe es para sacar pecho. El fallo es apelable, sí. Pero como dice Pullaro: “marca un camino que hay que empezar a recorrer”. En el caso de que la sentencia quede firme, decidirá Lifschitz el destino de lo incautado. En prevención, seguridad, educación o infraestructura, sea adonde sea que vayan será una batalla ganada. Desde Santa Fe, en tiempos donde se persigue a los amigos de lo ajeno para que devuelvan lo que no es suyo, se está haciendo escuela.

Pero mientras se sacude a Los Monos, un niño molesto llegó para quedarse. El Niño, tal como se conoce a este fenómeno climático de humedad y lluvias intensas, ha dejado secuelas lamentables para la actividad agropecuaria en el centro y norte de Santa Fe. Más allá de inundarse los campos, este clima conlleva trastornos en la agronomía, sanitarios y de infraestructura, y por supuesto, castiga a los evacuados que abandonan sus viviendas tapadas de agua cruzando los dedos porque las pérdidas sean las menores posibles. Es así que la lechería está en crisis y la soja sufre una paralización en la cosecha. Santa Fe busca auxiliar a este sector productivo y para ello pedirá un esfuerzo también a la Nación. En La Casa Rosada buena mano ya le dieron al campo y todavía no entró el dinero de la cosecha, por lo tanto, habrá que ver si desde Cambiemos quieren dar hasta el codo por estas horas.

La gestión socialista ha perdido inventiva. Las urnas, que no mienten, contienen, elección tras elección, cada vez menos boletas del partido de la rosa. Pero una cosa es perder la capacidad de dar respuestas creativas y efectivas a las demandas de la ciudadanía y otra cometer errores torpes. Cuando el Ministro de Transporte de la Nación vino a Rosario, las autoridades municipales y provinciales aprovecharon para hacerle el infaltable mangazo subsidiario. Dietrich, a la medida del contexto económico, fue mezquino. “Habrá lo mismo que el año pasado”, dijo. Ergo, habrá menos billetes para aportarle a un sistema de transporte rengo. También es cierto que a Dietrich tampoco le dieron mucho ánimo. El ministro, al llegar a Rosario, se desayunó con la noticia de que en el carril exclusivo que se construye en Avenida Alberdi cometieron un error de cálculo y demorarán dos meses más en finalizar la obra. El grueso de la inversión la pone el Banco Mundial, pero a nadie lo convences mostrandole como le erraste con plata prestada.

Días atrás, un helicóptero del Gobierno de Santa Fe aterrizó de emergencia en la localidad de Sauce Viejo. El motor se plantó al ser afectado por un elemento externo y tuvo que descender de inmediato. Si bien no fue un fallo mecánico, fue suficiente para desnudar una operación del gobierno de Bonfatti que tiene algunos matices made in Jaime. Sucede que el año pasado, Bonfatti compró dos helicópteros que al día siguiente de ser presentados en sociedad tuvieron que ir a ser reparados a la provincia de Buenos Aires. Claro, los helicópteros son de la década del noventa y tienen 12 mil horas de vuelo acumuladas. El personal aeronáutico de Santa Fe afirma que desalentó, en su momento, al gobernador para que no sumaran estas unidades. Pero las tareas de seguridad y la supervisión de grandes territorios lo demandaban y Bonfatti las sumó a las otras dos que ya había pero que no funcionan por falta de repuestos y mantenimiento. Ah, me olvidaba… El helicóptero que aterrizó de emergencia la semana pasada ya había tenido problemas técnicos al caerse en las aguas del golfo de México. Pero a Bonfatti no le importó.

Errores con la obra pública y compra de unidades de transporte en pésimo estado. Justo en tiempos donde Lázaro Báez y Ricardo Jaime son temas recurrentes en los medios de comunicación y en la fila de un banco. Claro que las distancias son insalvables. Nadie dudó nunca de la transparencia en la gestión socialista. Los tipos viven en la misma casa que vivían antes de ser las máximas autoridades locales y provinciales y caminan por la ciudad sin necesidad de bajar la mirada. Pero, ellos solitos, le están mandando unos centros terribles a los mal pensados. Deberían saber que en ese tejido no institucionalizado, primario y deliberativo que son las conversaciones que dan lugar a la opinión pública, la percepción y lo fáctico cotizan en la misma bolsa.

Por su parte, Cristina Fernández de Kirchner sacudió el tablero político nacional con su reaparición en los Tribunales Federales y nadie pudo hacerse el distraído. Bah, sí, el Partido Justicialista, sí. Pero desde el Partido Socialista salieron declaraciones sobre esta reaparición pública de CFK. Atrás parecen haber quedado los tiempos en los que el socialismo miraba con ternura al kirchnerismo. Subidos al tren de la moda que inauguraron Bossio y Urtubey, los jueces desaforados tras años de letargo y algunos oportunos periodistas; el Socialismo ahora aparece muy crítico hacia el movimiento kirchnerista. Alicia Ciciliani, diputada nacional, cargó contra la campaña de victimización de CFK y tampoco tuvo pruritos en afirmar que la ex presidenta “no se hace cargo de su modelo de gestión basado en un sistema de corrupción muy grande”. El tiro podía haber sido para Lázaro, Jaime, Cristóbal o Boudou. Pero Ciciliani dijo “su modelo de gestión”. No sólo le atribuyó liderar una legión de ladrones, también concluyó que este era un modelo de gestión, no un berretín malicioso. Fuertes declaraciones que contienen un nivel de crítica poco habitual del socialismo en referencia al kirchnerismo. Pero los tiempos han cambiado.

Caminando en el barro de la lucha contra el crimen organizado y el que El Niño tiende sobre los campos y caminos rurales, Santa Fe se calzó las botas y marcha mientras repara calzadas y helicópteros y sepulta viejas simpatías.

-> Santiago Izaguirre <-

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3 comentarios en “SANTA FE: ENTRE BARRO, MONOS Y EL NIÑO.

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