ABRAZAME UN RATO

Macri y Lifschitz buscan acercarse a los abrazos.

Untitled design (1).jpgSi hay amor, me dijeron, toda distancia se salva. La frase le pertenece a Jorge Drexler y si le cambiamos amor por madurez, tal vez podríamos estar ante un buen epígrafe para retratar la relación que sostienen por estas horas el PRO y el Partido Socialista, impulsadas por un condimento de conveniencia y necesidad.

Empezemos por el principio de esta historia reciente.

No iban dos días de gobierno de Macri cuando Lifschitz junto a otros 23 gobernadores fueron recibidos por el presidente en la residencia de Olivos. El ex intendente de Rosario había logrado lo que Bonfatti nunca: ser recibido por el presidente. Como escribí el domingo pasado: Lifschitz es un tipo con suerte. A la salida de la reunión, el gobernador de Santa Fe tuvo declaraciones generosas hacia la iniciativa de Mauricio Macri. Pero lo cierto es que nunca se quisieron.

Sucede que el PRO y el Socialismo tienen postulados distantes y distintos tanto en la teoría como en la realpolitik, tanto en sus aspectos positivos como en sus aspectos negativos. Y esto no es una historia de amor, donde los polos opuestos, dicen, se atraen. Otro factor que los separa es la amenaza que constituye el PRO para el gobierno socialista en Rosario y Santa Fe como oferta electoral. En elecciones reñidas tanto a nivel provincial como en Rosario, bastión socialista por excelencia, los globos amarillos cerca estuvieron de arañar el cielo. El capítulo más álgido se escribió, sin dudas, el año pasado cuando Lifschitz le ganó la gobernación a Del Sel por 1496 votos, menos votos que personas asesinadas en el departamento de Rosario desde que el Socialismo llegó a la gobernación provincial, allá por 2007. Con demoras en la publicación de datos oficiales y mesas cuestionadas, Macri asistió pasmado en Santa Fe al robo de la tapa del lunes y una sorpresa no grata para su candidatura presidencial. 

En enero de este año, la triple fuga de los hermanos Lanatta y Schillaci generó otro round en la pelea entre estas fuerzas políticas. Bajo el sol abrasador de Cayastá, la tarde en la que sólo apresaron a Martín Lanatta a pesar de haber anunciado la detención del trío escapista, volaron acusaciones cruzadas entre Bullrich, Ritondo, Pullaro, Gendarmería Nacional y la mar en coche. Desde Cambiemos pensaron que mal intencionadamente los habían hecho quedar en ridículo. Pero eso después se calmó, bajó la espuma y así cómo usted hacía tiempo que no se acordaba de la triple fuga, los funcionarios parece que dieron vuelta esa hoja. Pero para darle paso a otra… ya verán.

Algunas realidades han cambiado. La voluntad de aunar esfuerzos con el que levanta otras banderas es un acierto del nuevo gobierno y algo que resultó inconcebible para Cristina Fernández de Kirchner. Durante los años kirchneristas, a la voz que desentonaba en el coro oficial le regalaban un abismo. En esta coyuntura, y entendiendo que “Santa Fe es una de las provincias que más recursos brinda al país y nos preocupa a todos los argentinos” (Michetti dixit), los acercamientos entre el PRO y el Socialismo son tan necesarios como visibles.

En marzo los votos afirmativos de Hermes Binner y Alicia Ciciliani para habilitar el pago a los holdouts, sirvieron para apaciguar algunas aguas revueltas que traía el observatorio de estadísticas que lanzó Lifschitz, entre otras cosas, por la “persistente pérdida de credibilidad del INDEC”. Además, con la irrupción de CFK en la arena política, los dardos del socialismo fueron certeros y venenosos para con la ex mandataria. Y en este contexto donde la reaparición de Cristina trajo aparentadas muestras de lealtad como de los peores vicios del kirchnerismo, el discurso socialista que supo ser amigable, esta vez puso el dedo en la llaga de Cristina. Por esos días, Cambiemos anunciaba la construcción de más de 600 viviendas en Rosario luego de años en los que ninguna inversión nacional caló en la ciudad.

Antonio Bonfatti fue electo presidente del Partido Socialista gracias al consenso de los distintos sectores del partido de la rosa. Bonfatti, que no explicó por qué compró dos helicópteros inservibles con miles y miles de horas vuelo y abonados a los talleres de reparación, se refirió a la actualidad del gobierno de Mauricio Macri. El ex gobernador santafesino dijo que al gobierno “hay que darle tiempo para que se asiente”, mientras que desligó a Macri de culpas por la inflación aunque castigó la profundización de las tarifas. Demasiado comprensivo sonó Bonfatti, que en su retórica frente al PRO siempre supo ser despiadado. Si hasta deslizó su apoyo al Frente Para La Victoria en las elecciones nacionales a pesar de la tradicional tibieza neutralidad que determinó el Partido Socialista. Pero Bonfatti no se quedó en la comprensión, sino que valoró también que “la posibilidad de dialogar y que se fortalezcan las instituciones no es un hecho menor en el país”. Lifschitz, en la misma sintonía, afirmó unos días después: “hay buen diálogo con el Poder Ejecutivo, hay teléfonos siempre abiertos, posibilidad de reuniones, hace dos días pedimos un encuentro y hoy ya lo tenemos”.

7 millones de hectáreas productivas anegadas, innumerables toneladas de soja perdidas y centros de evacuados colmados pintan un panorama triste y alarmante en Santa Fe. El pedido de ayuda económica que le hizo Lifschitz a la Nación encontró eco y la visita de la vicepresidenta vino con anuncios de créditos y subsidios. A su vez, Macri recibió a Lifschitz y otros gobernados del Litoral en el marco de esta problemática y congeniaron la creación de un fondo de emergencia para las zonas afectadas por las inundaciones. Además, el presidente sobrevoló las zonas más afectadas y desde Rafaela renovó su compromiso para ayudar a los damnificados.

Pero en las últimas horas volvieron las tensiones cuando la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich le pidió al titular de la misma cartera a nivel provincial, Maximiliano Pullaro, que suspenda el clásico rosarino entre Newell´s Old Boys y Rosario Central o en su defecto que se dispute a puertas cerradas. La preocupación de Bullrich surgió por la consigna proclamada en el banderazo leproso donde la hinchada pedía: “Matar o Morir”. Pullaro desligó de responsabilidades al club rojinegro y le bajó el pulgar al pedido de la ministra. Así, los vestigios de Cayastá volvieron a recrudecer tras otro nuevo capítulo de desencuentros entre las autoridades de Seguridad de Santa Fe y del país.

Las fricciones entre dos partidos políticos con pocos puntos de encuentro resultan, muchas veces, indisimulables. Estas diferencias seguramente se ahondarán en tiempos electorales. Mientras tanto, apremiados, como los decretos, por necesidad y urgencia el rojo y el amarillo se combinan en el mismo cuadro. Si hay madurez, digo yo, toda distancia se salva. Quizás sea eso lo que hayan retratado los referentes del PRO y del Partido Socialista en estos días lluviosos. Tender puentes y dar la mano sin revisar afiliaciones, tal vez sea un buen punto de partida para que ganemos todos sin necesidad de hacer perder a nadie.

-> Santiago Izaguirre <-

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