SOMOS LOS CLÁSICOS QUE TENEMOS

Los clásicos se han vuelto una radiografía en alta definición de las miserias cotidianas.

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Somos los clásicos que tenemos. ¿Por que esperamos otra cosa?  Los clásicos suelen ser una radiografía de la cotidianeidad. Somos los clásicos que tenemos. Paso a explicar…

No nos sorprendemos cuando los jugadores declaran que “el rival pegó mucho y así es difícil jugar” o “ellos festejan empates”, porque estamos acostumbrados a ampararnos en el error ajeno para maquillar las miserias propias. ¿O no resulta más cómodo atarle los pies al otro para ganarle la carrera que esforzarnos por llegar más lejos?

Insultamos a Orión por hacer tiempo pero demoramos en hacer la tarea para que no nos asignen otras. O castigamos si Teo Gutierrez o Nacho Scocco fingen un golpe para sacar provecho pero en Santa Fe el aumento de la litigiosidad por accidentes laborales se multiplica en un contexto de reducción sistemática en la cantidad de accidentes ocurridos en el ámbito de trabajo. Paradojas, le dicen.

Los periodistas juntan leña y ramitas y lentamente van avivando el fueguito durante la semana. El domingo criticaron las patadas y los codazos que se propinaron los “once gladiadores que se juegan la vida en una batalla por el honor“. No se equivocaba Galeano cuando decía que las contradicciones eran, algo así, como el motor de este mundo, jodido y burlón.

Y los barrabravas, malditos hijos de puta que en nombre del aguante hacen cultura del apriete, hoy ofrecen como si fuera un menú ejecutivo: “matar o morir”. Y la respuesta es fácil. Debemos elegir la letra o. Pero la cosa no queda ahí y el apriete se hace carne una noche en Ricardone con la complicidad del apretado que calla por culpa, temor o estupidez. El mismo silencio que hacemos cuando el de al lado tira un papel en la calle o el mismo abismo que le damos, al bajar la mirada, al que necesita una mano para cruzar la calle.

Pero acá andamos, pecando de cómodos. Y si el partido no es nuestro, si no somos los dueños de la pelota, si no tenemos la cinta de capitán atada al brazo, el empate no nos cae tan mal. Que al frente vaya otro, a mi me pagan por esto y ya. Que pase el tiempo, que ya termina mi jornada, que corra este que mal no le vendría o que la agarre D’Alessandro y le dé para adelante porque cobra más, yo lo sigo atrás, tímido, sólo por las dudas.

Y así pasamos no sólo el domingo, sino el lunes, el martes y la semana toda, cuidando el empate, sin asumir responsabilidades mirando sólo la baldosa que pisamos. Porque somos los clásicos que tenemos.

-> Santiago Izaguirre <-

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7 comentarios en “SOMOS LOS CLÁSICOS QUE TENEMOS

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