QUE LOS JUEGOS NO TAPEN EL BOSQUE

Detrás de la fachada de los JJOO, Brasil esconde un presente complicado.

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Por estos días usted se ve interesado en aprender cosas que jamás imagino. Más temprano que tarde, le pregunta a algún referente de su entorno acerca de cuantos minutos dura un partido de waterpolo, por qué los rugbiers sólo dan pases para atrás y a que hora es la semifinal de equitación. Mañana, tarde y noche, usted escucha a Gonzalo Bonadeo explicando por qué los keniatas coleccionan medallas doradas en atletismo o cuál es el record en la final de natación estilo mariposa. Y por supuesto, usted presta envidiable atención.

En Río de Janeiro todos los días es carnaval. Esa es la esencia que transmite la pantalla de los Juegos Olímpicos para todo el mundo. Somos testigos de hazañas deportivas musicalizadas con lambadas, la épica deportiva tiene sede en Maracaná y vemos la pobreza disfrazada en retratos de favelas que a muchos les resulta hasta pintorescos. Tras la fachada de los Juegos Olímpicos, Brasil intenta maquillar todas sus angustias. Y que el árbol tape el bosque. Porque los focos de conflictos latentes en Río de Janeiro son muchos y distintos pero no tan distantes. En el plano político e institucional, en materia de seguridad, en el ámbito sanitario y en los índices económicos, Brasil se juega mucho más que una medalla dorada. Al llegar a Río y luego del papeleo uno sale a tomar un taxi hacia el hotel.

Inseguridad. Pero una pancarta te saluda. No lleva ningún nombre pero saluda el arribo de la gente: “Bienvenidos al infierno. Quien venga a Río no estará seguro”. Con ese cartel, semanas atrás, los miembros de la Policía Civil protestaron en el Aeropuerto Internacional de Río de Janeiro. Denunciaron atrasos en el pago de salarios y condiciones laborales paupérrimas que los vuelven impotentes a la hora de brindar prevención y seguridad a los cariocas. Agentes de la Fuerza Nacional de Seguridad Pública asignados para trabajar en favelas donde mandan narcos y organizaciones criminales, afirman que fueron condicionados por estos para no circular armados o uniformados. Los salarios, finalmente, fueron abonados pero las condiciones y herramientas laborales de las fuerzas de seguridad siguen dejando que desear.

Contaminación. En Río, los taxis tienen los mismos colores que acá pero al revés, predomina el amarillo y acompaña el negro. Acompaña también el viaje un olor nauseabundo. “Es la bahía de Guanabara. Está contaminada”, explica André mientras conduce. Y agrega: “allí competirán los que hacen vela y windsurf”. El turista no le cree, piensa que se confundió o que habla sin saber. Pero Google le da la razón a André y las fotos que el celular arroja de la Bahía de Guanabara son de terror: botellas por doquier, bolsas de plásticos enmarañando tanzas de pescadores y ratas buscando ganarse la cena. ¿Pero a quien le importa ver vela y windsurf?

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Amenaza terrorista. Camino al hotel uno relojea la zona donde se alojará. Va ojeando lugares estratégicos: acá puedo cenar, allá venden Garotos para llevarle a los conocidos o acá venden Havaianas 2 x 1. Pero también va viendo el panorama, si hay iluminación, si el barrio pinta seguro. Y más si dicen que la inseguridad, los homicidios y la violencia policial, aumentaron con respecto al año pasado. Ni te cuento si alguno vio Ciudad de Dios y bien sabe que un Zé Pequeño cualquiera pueda andar en la vuelta. Pero lo que más preocupa es que Estado Islámico quiera continuar acá la saga de atentados que ya tuvieron lugar en París, Bruselas, Estambul y sigue la cuenta… En verdad, los atentados que se suceden en el mundo encendió la alarma mayor para los responsables de realizar un evento tan importante como las olimpíadas. Lo sucedido en Niza el pasado 14 de julio, no sólo alertó aún más a las autoridades brasileñas en materia de seguridad sino también en cuanto a la emergencia hospitalaria que se ha detectado en la red de hospitales local.  Días atrás la amenaza del ISIS se vio reflejada en una investigación que expuso que un puñado de brasileros le juraron lealtad al Estado Islámico (EI). Seguidores del Califato en Brasil se manifestaron “dispuestos a sacrificarse para  convertirse en mártires”. Días después las noticias tranquilizadoras llegaron cuando detuvieron a esta célula amateur luego de que confirmar que intentaron comprar rifles AK 47 por internet. Lo cierto es que 85.000 efectivos estarán abocados al megaoperativo de seguridad para Río 2016. En las vías de acceso, aeropuertos, sedes de competencia e ingresos a las favelas, habrá patrullaje a cargo de vehículos blindados y todo coordinado por agencias de inteligencia internacionales.

Emergencia hospitalaria. El Consejo Regional de Medicina del Estado de Río describió el siguiente panorama: “hay una gran cantidad de pacientes internados en forma improvisada, en los corredores, en camillas de transporte, en sillones y en sillas, debido a la falta de camas y estructuras adecuadas”. Así que si no activaste la obra social internacional, mejor anda con cuidado. No vaya a ser cosa que te tumbe un malestar estomacal o peor, una picadura de estos mosquitos letales que zumban por Río. El zika, con más de 1600 casos confirmados, hizo que el mejor golfista del mundo se bajara de Río 2016 y casi hace lo mismo con Pau Gasol, lo que hubiera sido bueno para las aspiraciones de nuestra Generación Dorada pero esos análisis se los dejo a Leo Montero, Jacubovich o algún otro experto.

Aquellos tiempos dorados. Cuando Río de Janeiro fue electa como sede de los primeros JJOO en América del Sur, la gente salió por las calles a festejar. En 2009, el desarrollo económico de Brasil comandado por Lula era una garantía de confianza. Pero los tiempos han cambiado y Brasil sufre la peor depresión económica que los cariocas recuerden. Además, Lula enfrenta problemas judiciales por el Lavajato también conocido como Petrolao, la investigación que desnudó la corrupción imperante entre las autoridades nacionales y la principal empresa petrolera del país. El caso salpicó a Dilma Rousseff, debilitandola de tal manera que un maquillaje presupuestario la tumbó derechito al sommier que le hicieron los partidos políticos opositores.

En la calle, los cariocas aprovechan cada diálogo o intersticio para soltar una certera definición política. A simple vista, los inquieta más el devenir de Dilma, Temer y Lula que la agenda deportiva. Y es lógico. El presidente en funciones de Brasil, Michel Temer, no es santo de devoción para los brasileros y sufre una baja popularidad. Apenas el 14% califica como muy buena o buena el gobierno de Temer. Así y todo, para la opinión pública prefiere verlo en el Planalto a él que a Dilma Rousseff.

“En agosto se terminará de ejecutar este maquiavélico plan para terminar con Dilma”, razona un periodista local mientras se acredita para ingresar a la Villa Olímpica. El 29 de agosto, el Senado deberá tomar una decisión final sobre si destituir o no a la presidenta. Si dos tercios del senado confirman el alejamiento de Dilma, Michel Temer será el presidente hasta que finalice el actual mandado, el 31 de diciembre de 2018.

La Villa Olímpica. El periodista acreditado a la Villa Olímpica enumerará, días más tarde, una serie de deficiencias que obligaron luego a la delegación australiana a rechazar alojarse allí hasta que destapen los inodoros y otros reclamos más. Nuestra delegación, que ocupa cinco pisos en uno de los condominios, se quejó por fallas de electricidad y plomería en dos pisos que calificaron como “inhabitables”. Dicen los que caminaron la villa olímpica que no se ve gran cantidad de personal de mantenimiento y que debido a eso los problemas que van surgiendo demoran mucho en ser solucionados. Convivir en esa aldea globalizada es uno de los atractivos que destacan los deportistas, lamentablemente no será todo color de rosas. La otra opción puede ser alojarse en un hotel de Río de Janeiro en búsqueda de mayor comodidad y concentración como lo hará Del Potro, al igual que en Londres 2012 donde obtuvo una presea de bronce.

Los cariocas y el Comité Olímpico Internacional mastican sus broncas y lamentos mientras se entretienen con los Juegos Olímpicos de Río 2016. Quizás se hayan volcado, por estos tiempos, a la literatura de autoayuda. Sabrán entonces que según esos libros cada crisis que se presenta es una oportunidad para crecer y hacerse fuerte. ¿Será cierto?

-> Santiago Izaguirre <-

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