UNA SEMANA EN CHILE

A principios de noviembre fui a conocer Chile. Santiago, Valparaíso, Viña del Mar y el embalse El Yeso. De Chile conocía poco: el gobierno de Allende y el bombardeo a la Moneda, que los televisores son baratos, unas canciones de Jara y de La Ley, unos poemas de Neruda y los goles, imborrables claro, del Matador Salas. Por eso, y como dijo el Principito, cuando el misterio es grande es imposible desobedecer, allá fuimos a desandar el camino

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Santiago conoce Santiago. Llegué al aeropuerto de Santiago de Chile y los trámites y controles resultaron ser bastantes puntillosos. Días después, por antecedentes violentos quedaría varado en ese mismo sitio Mike Tyson. El tipo que me estaba esperando para llevarme al hostel me preguntó de dónde era. “De Rosario como Messi”, dije. “Como Bielsa”, respondió. Los chilenos adoran a Bielsa, tal vez porque a ellos no los dejó rengos en la primera ronda de un mundial. Hablando del mundial y la eliminación de los chilenos, había decidido manejarme con cautela. No voy a enrostrar nada, solitario y tan lejos de casa. Pero si sale el tema… Y salió nomás. “No lo puedo creer. Se les subió la fama a la cabeza, son todos borrachos menos Bravo. Pero nos han dado dos copas y no se les puede decir nada”, mascullaba el chofer. Un pequeño cartel del candidato a presidente y ex mandatario, Sebastian Piñera se posa a un costado de la autopista. El tipo me contó que vive a las afueras de Santiago y que en los próximos días votará, sin dudarlo, por Piñera “porque cuando fue presidente hubo mucho empleo y le aumentó los royalties a las mineras”. En el sondeo que hice a lo largo del viaje se impone el abstencionismo. En Chile el voto es optativo y la mayoría no ve mucha motivación para hacerlo.
El primer sitio importante que conocí en la capital trasandina fue el Palacio de la Moneda. Custodiada por los carabineros, la Moneda luce tal como la recuerdo en aquellos vídeos donde las fuerzas armadas comandas por el traidor de Augusto Pinochet disparaban contra el edificio donde resistía Salvador Allende y un grupo de nobles funcionarios. Como cuando la policía forense reconstruye la escena del crimen, mis ojos situaban las tanquetas en la Alameda y las ventanas donde los fusiles socialistas asomaban con cuidado para devolver la balacera. La Moneda se ubica sobre la Alameda, una gran avenida que va desde la cordillera hasta la costa chilena y que atraviesa de punta a punta Santiago de Chile. Detrás de la casa de gobierno, sobre la vereda de enfrente una estatua de Allende. Allí oí su voz, esa que escupió la galena aquel 11 de septiembre de 1973 y decía algo así como “sigan sabiendo ustedes que más temprano que tarde…”}.jpg
26169976_854263138094137_2353107602090569201_nUn par de días después del golpe de estado de 1973 murió en una clínica de Santiago, (los románticos dicen que de tristeza, los médicos de una severa enfermedad) el poeta Pablo Neruda. Sus restos fueron velados en La Chascona, su casa al pie del cerro San Cristóbal. Hasta allí me acerqué para recorrer esos cuartos, patios y terrazas donde Neruda había escrito algunos de los versos que dieron la vuelta al mundo. La casa contenía ambientes que emulaban el interior de un barco, unos miradores alucinantes y terrazas verdes que se camuflaban con el cerro. Cuando ocurrió el golpe de estado, la casa fue invadida por los, permiso Benedetti, pacificadores con sus ruidos de metal para dejar bien en claro que su idea no era pisotear solamente el poder político del socialismo chileno sino también toda cultura roja que tuviese el corazón a la izquierda. La casa fue reconstruida por la viuda del poeta que se instaló allí, regó las plantas y escribió sus memorias.
26167300_854263108094140_3942183858990199256_nLa pesca, junto a la minería y la madera son las principales actividades y recursos que motorizan la economía chilena. Por eso en el Mercado Central de Santiago, ubicado en la vera del río Mapocho y a pocas cuadras de la Plaza de Armas, se pueden probar los mejores mariscos de la región. La pesca de ahí proviene del Pacífico, que al ser más frío que el Atlántico permite que los pescados se conserven mejor y sean más sabrosos. Algo así me dijeron. Se puede pedir un variete de bichos o bien una centolla, la vedette del menú. La centolla es un crustáceo marino que es difícil de encontrar, como un funcionario K que no esté procesado, y que los chilenos alardean que sólo lo podés comer ahí o en Canadá. Será por eso que sirven el crustáceo sin fraccionar, entero, imponente y a un costo de 100 dólares que mi bolsillo prefirió guardar consigo.
El barrio Bella Vista es la sede de la movida nocturna de Santiago. Una hilera de bares se suceden a lo largo de seis cuadras donde recepcionistas salen a la caza de turistas y transeúntes para ofrecerles los mejores precios o el más rico y tradicional Pisco Sour, un trago bastante común, o el Terremoto, un elixir que pega más que el Piri Vangioni en partidos de copa. Las playlists que amenizan las noches en Bella Vista contienen reggaetón y electrónica, casi de manera exclusiva. Pero el chileno se duerme temprano y la fiesta es más un after office que una noche de jarana. El Patio Bella Vista es un complejo que bien podría ser un shopping a cielo abierto, sin embargo, es un gran patio de comidas donde se suceden una veintena de bares y restaurantes. Allí se concentran bares a todo culo, como el del Boca de Bianchi, con decoraciones de fuste y cartas sofisticadas. Frente al Patio Bella Vista se encuentra un edificio de la Universidad de Chile adonde asisten miles y miles de chilenos que estudian como acá pero pagan como allá. Los estudiantes, con carpetas bajo el brazo, pueblan en la tardecita estos bares que no ofrecen happy hour dándole un marco juvenil y festivo al anochecer del barrio.
26169439_854263208094130_7924383721633597084_nEn Santiago también paseé por el Museo de Bellas Artes donde salvo unas pocas esculturas bien hechas predominaba el arte abstracto, ese en el que constatas que si no estás bajo los efectos de Juan Pedro Fasola, nuestro gran amigo que ganas de verte tenemos todos acá, no entendes la obra. Otra zona que recorrí es Sanhattan, el centro financiero de la capital chilena, donde predominan los trajes, los CEOs y los banqueros. Allí, en un emprendimiento cuanto menos polémico proliferan a plena luz del día los cafés atendidos por mozas exuberantes vestidas con poca ropa. Me llamo la atención, pero enseguida al ver la cantidad de bares de ese estilo y la alta concurrencia que tenían entendí que para los chilenos era común y corriente.
El discípulo del rabino Bergman se fue de shooping. Además del Matador Salas, otra cosa grandiosa que tiene Chile son los precios económicos de la ropa, la electrónica y productos de bazar. La ropa que no habla castellano se consigue a, por lo menos, la mitad de lo que duele en Argentina y prolifera el 2×1, como el que el PRO le quiso regalar a los milicos. Tiendas como Ripley, HyM, Zara, Fallabella, Cencosud París se repiten a lo largo de las peatonales y en los shoppings y se miden por pisos. En el hostel me encontré con un bonaerense que se había comprado un tele de 55″ y curvo. “Como el del rabino Bergman”, me dijo. El costo del televisor más el impuesto por superar los 300 dólares de mercadería ingresada al país, no le hacía cosquillas al precio que cuesta por estos pagos. La valija que se fue de Rosario liviana, engordó 6 kilos en Chile a base de ropa, regalos y la pelota del mundial de Rusia 2018 que estaba a precio de ganga.
El shooping Costanera Center se inauguró hace pocos años y además de alojar numerosas marcas tiene una medalla que nadie más se puede colgar: posee el mirador más alto de toda América Latina. A cambio de unos veinte dólares podes subir en el ascensor que a medida que va trepando al cielo se te tapan los oídos por la presión. Cuando se abre, un enorme mirador 360° te ofrece la capital trasandina como si fuera una maqueta de esos que hacen los estudiantes de arquitectura que la tienen que llevar en el colectivo rezando porque nadie les toque el alambrado del parque público que diseñaron para rendir el parcial. El cerro San Cristóbal, el Estadio Nacional, el río Mapocho, la Cordillera de los Andes, todo a tus pies. 300 metros y 62 pisos arriba, Santiago parece una miniatura.
 
26114001_854263218094129_1926042438427948089_nValparaíso, la joya del pacífico. Una ciudad pintada de todos colores, que se erige de forma vertical con calles no aptas para quien sufre de vértigo, me recibió una mañana de sol donde los portuarios traían la pesca a la ciudad y los bancarios pedían un aumento. Valparaíso es una ciudad chapada a la antigua, que sería mucho más triste si no se les diera por pintar cada rincón de algún color que no sea el que tiene la casa de al lado.  La retirada de la Nueva Milonga de 1985 parece inspirada en esas postales que venden en cada esquina y en el mirador más famoso que tiene la joya del pacífico, tal es el apodo de esta ciudad. Con este adios, pintaremos un nuevo amanecer…. Nos vamos hoy, coloreando horizontes de la fe. El dulce hogar, madre, niño, la escuela y la ciudad, con pinceles y acuarelas al pintar, luz y sombras que en la tela plasmarán a mi Uruguay Chile. 
El mirador más imponente queda a los pies del edificio de la marina chilena. La marina custodia la costa chilena de punta a punta y, claro, en Valparaíso atiende el principal puerto de contenedores y pasajeros de Chile. Dicen que más de 10 millones de toneladas de carga pasan, anualmente, por allí y cerca de 40 cruceros se posan en sus amarras.
En Valparaíso también tenía otra morada el poeta Pablo Neruda. Por ahí anduve para constatar que la arquitectura de La Sebastiana poco tenía que envidiarle a La Chascona. También orientada en un terreno elevado, La Sebastiana contiene enormes ventanales que ofrecen una vista exclusiva del Pacífico, que a pesar de no estar a sus pies permiten sentir el ruido de las gaviotas buscando alguna sobra y escuchar a los cargueros sonar sus bocinas anunciando la partida.
 

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Viña del Mar, ciudad jardín. Playas, flores y glamour son una constante a lo largo de la rambla que costea Viña del Mar. El tradicional reloj sobre una colina, con sus flores rojas y emulando a la fecha del laguito del Parque Independencia en Rosario, es la postal más conocida de Viña del Mar. La otra son sus playas, muy similares a las de Punta del Este, sólo que el agua es más fría y el oleaje más violento.
Ciudad jardín, así le dicen a Viña del Mar que se esmera por lucir las flores más bellas de la comarca y el festival de música más importante de la región, allá por febrero. También exhibe, orgullosa, el único moai en el mundo que no habita en la Isla de Pascua o Rapa Nui. El otro, lo llevaron en avión a Europa para que lo estudien antropólogos especializados en la materia pero se rompió en el camino.
Embalse El Yeso, vaya una foto de perfil. Uno de los paisajes más lindos que me llevé fue el de este embalse que se encuentra en la Cordillera de los Andes. De este embalse beben los habitantes de Santiago de Chile y se obtienen buenas fotos de perfil gracias al color turquesa del agua y las montañas de los Andes que conforman un paisaje sin igual. Para llegar, contraté una excursión que vino con una visita a unas termas incluida. Las termas estaban al pie de la cordillera y el agua, suficientemente caliente como para no tener frío de estar en malla al pie de la cordillera.
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Mientras en el verano se practica windsurf y se pescan truchas, el acceso al embalse es muy poco probable en temporada invernal debido a que los caminos de ingreso se encuentran ladeando los picos de los Andes y suelen ser obstruidos por fuertes nevazones. Si bien la distancia desde Santiago no es muy extensa en cuanto a kilometraje, llegar al embalse es todo un desafío: caminos sinuosos, precipicios y de una sola mano hacen un cóctel peligroso para desandar.
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Publicado por Santiago Izaguirre

Nací en octubre de 1991, en Rosario. Soy licenciado en Comunicación Social tras graduarme con una tesis titulada: "Se escucha el clamor de un pueblo: la murga uruguaya como fenómeno comunicacional" donde analicé el fenómeno discursivo de la murga y el carnaval más largo del mundo. Trabajó en instituciones, medios de comunicación y equipos de gestión gubernamental. En 2019, publiqué mi primer libro "Hijo de sus obras".

2 comentarios sobre “UNA SEMANA EN CHILE

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