PAOLO FABBRI: EL GIRO SEMIÓTICO

FabbriLa principal propuesta del semiólogo italiano Paolo Fabbri, en “El giro semiótico”, es dejar de ver a la semiótica como un estudio de los signos, y verla como una indagación con vocación científica de los sistemas y procesos de significación.

El giro semiótico se opone a la idea constructivista de que es posible producir o reproducir el sentido o significaciones troceando la complejidad del lenguaje, las significaciones, el mundo en unidades mínimas. “La idea básica del giro semiótico es lo contrario: no se puede, como se creía, descomponer el lenguaje en unidades mínimas para recomponerlas después y atribuir su significado al texto del que forman parte. Debemos tener claro que a priori nunca lograremos hacer una operación de este tipo. En cambio, podemos crear universos de sentido particulares para reconstruir en su interior unas organizaciones específicas de sentido, de funcionamientos de significados, sin pretender con ello reconstruir, al menos de momento, generalizaciones que sean válidas en última instancia. Sólo por este camino se puede estudiar esa curiosa realidad que son los objetos, unos objetos que pueden ser al mismo tiempo palabras, gestos, movimientos, sistemas de luz, estados de materia, etc., o sea, toda nuestra comunicación” (FABBRI, 2000: 41). El sentido de una obra no depende del conjunto de palabras o frases que la componen, sino de una articulación global narrativa que configura un universo de significados de un modo autónomo.

La narratividad tiene una función configurante del sentido. Se presenta cada vez que estamos ante concatenaciones de acciones y pasiones. Acción y pasión son los dos ejes de la narratividad.

Por un lado, Fabbri propone una semiosis, como teoría de la acción, considerando al lenguaje como un transformador de los estados del mundo, modificando a quién lo produce y lo comprende, y no como un mero instrumento para representar dichos estados.

“El segundo movimiento teórico fundamental es añadir a la noción de narratividad como lógica de las acciones un estudio de las pasiones, también presentes con fuerza e insistencia en la actividad configuradora del relato. Examinar la acción y la pasión juntos puede darnos algunas indicaciones para librarnos de falsas oposiciones idealistas, como la gran oposición entre pasión y razón, que a menudo se cuela en las investigaciones semióticas” (FABBRI, 2000: 48 y 49). La acción es una interferencia en un estado del mundo capaz de transformarlo o mantenerlo tal cual es. La pasión es el punto de vista de quién es afectado. El efecto de una acción del otro es un afecto, o mejor dicho, una pasión.

El semiólogo italiano considera que la pasión tiene cuatro componentes. El componente modal, el temporal, el aspectual y el estésico.

“Al decir modal me refiero a las modalidades clásicas – poder, saber, querer, deber – pero también a otros tipos de modalidades: cierto/incierto, posible/imposible y demás. (…) Saber, querer, poder y deber son fenómenos intrínsecos de cada pasión. Lo cual, desde nuestro punto de vista significa que existen posibilidades de una mínima descripción radical de las pasiones en estos términos” (FABBRI, 2000: 65). El componente temporal es crucial en la pasión, dice Fabbri. Y da el ejemplo de la esperanza, la cual es un querer, un querer algo que se refiere al futuro. El tercer componente, el aspectual concierne al proceso con el que se desarrolla la pasión. “El aspecto es una categoría de procedencia lingüística que plantea cuestiones cruciales, como la duración, la incoación y la terminación” (FABBRI, 2000: 66). En este componente, Fabbri define a la música como un arte pasional, por la sencilla razón de que en ella el tratamiento de la disposición del tiempo es crucial. “En efecto, las pasiones, al tener un tiempo, tienen un ritmo: cada pasión tiene el suyo” (FABBRI, 2000: 66). El último componente es el estésico. Es el componente de lo sensorial, porque no hay pasión sin cuerpo. Siempre que existe una transformación pasional implica también una transformación de la estesia, de la percepción de la expresión corporal. Porque la pasión origina, por ejemplo, cambios de estados físicos del cuerpo.

El giro semiótico, así, postula que la semiótica debe analizar los procesos y sistemas de significación, creando universos de sentido particulares para reconstruir en su interior unas organizaciones específicas de sentido, no troceando el lenguaje en unidades mínimas de palabras o frases. Apelando a la narratividad como configuradora de sentidos, como concatenación de acciones y pasiones, introduce la dimensión afectiva del lenguaje.

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